Matadero Franklin

A mediados del siglo XIX,  específicamente en 1847, se determinó el establecimiento del  Matadero en los alrededores del zanjón de la Aguada y la calle San Diego, ruta que históricamente comunicó Santiago con las provincias y productos del sur.

 

La zona se convirtió en el principal centro de faenamiento, compra y venta de animales. Comenzó entonces a ser conocida como barrio Matadero-Franklin, un importante polo comercial y de abastecimiento del sector sur de la capital.

 

En un comienzo funcionó como concesión del empresario Diego A. Tagle, para luego, en 1868, pasar a manos de la Municipalidad de Santiago.

 

En 1890, gracias al establecimiento del Tren de Circunvalación de Santiago, se levantó la Estación San Diego en la intersección de las calles San Francisco y Placer, a una cuadra del Matadero. Esta acción permitió el crecimiento del flujo de mercancías y animales que llegaban desde el sur, a partir de la conexión directa con la Estación Central.

 

La “Estación Matadero”, como era conocida popularmente, funcionó hasta la década del setenta del siglo pasado, cuando este ferrocarril fue completamente desmantelado. A principios del siglo XX, el aumento de la población en Santiago y con ello el incremento de la demanda de carne, generó la necesidad de modernizar el Matadero.

 

Fue en 1912 que se construyeron nuevos pabellones en función de la producción por  separado y en serie de cada tipo de  animal faenado. La obra se ejecutó completamente en hormigón armado, siendo responsables los arquitectos Hermógenes del Canto y Alberto Schade.

 

No obstante, el proceso contó con una escasa mecanización quedando gran parte del trabajo en manos de los obreros. 

Tras ello nacieron variados oficios que fueron transmitiéndose de generación en generación. El trabajo comenzaba desde pequeño como miliquero (recolector de grasa), para luego en la adolescencia pasar a ayudante.

 

El manejo de las herramientas, principalmente los cuchillos, era algo paulatino. Luego de años de experiencia se trabajaba como punzón o encargado de sacar las entrañas. Cada una de esas etapas vividas entregaba el conocimiento necesario para convertirse en matarife, hombres con amplia habilidad para el faenamiento completo de los animales.

 

Con el tiempo, los más experimentados terminaban su carrera como maestros, líderes de las cuadrillas o grupos que laboraban en el Matadero. Si bien el crecimiento de la población y la demanda propiciaron el desarrollo de estos oficios, fue el mismo fenómeno el que se encargó de su obsolescencia.

 

El aumento de consumo trajo consigo problemas de higiene e infraestructura que obligaron a la construcción de un moderno y mecanizado establecimiento en Lo Valledor a fines de 1969, lo que generó al cierre del Matadero Franklin. Con ello no solo se finalizó con un espacio productivo, sino que también con toda una forma de vida.

 

Hoy en día poco queda de esa historia. Dentro de la manzana que ocupó el Matadero aún se mantiene el Mercado Franklin y sus pilastras, calles donde abunda el comercio de carnes, verduras, frutas y abarrotes, siendo hasta la fecha uno de los centros de abastecimiento más importante de la zona sur de Santiago.

 

Además, aún se pueden ver gran parte de sus pabellones e infraestructura, gracias a que se encuentran dentro de una amplia Zona de Conservación Histórica.